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miércoles, 29 de febrero de 2012

LA GALERNA ( I )

"Hay una palabra seria, con regusto de sal y de lágrimas; un galicismo hondo y temible, sonoro y lúgubre, que va siempre enlazado al holocausto de las gentes pescadoras del Cantábrico:                 La galerna..."
Rafael González Echegaray

"Jesús y adentro". Cuadro de Pérez del Camino, en el que se representa la lucha de los pescadores contra la temible galerna del Cantábrico.

En ésta ocasión voy a tratar de comentar la temida galerna cantábrica. En primer lugar, he realizado un acopio de información entre varios autores; entre ellos las descripciones de Dª Carmen Gozalo de Andrés, (Licenciada en Historia) y de las notas que en libro titulado "Meteorología de las Autonomías" publicaron en su día los prestigiosos meteorólogos D. Lorenzo Garcia de Pedraza y D. Angel Reija Garrido. Así mismo, existe una publicación de la serie "monografías" editada por la Agencia Estatal de Meteorología en la que se describe y se estudia la galerna típica del Cantábrico.

¿Qué es una galerna?

Existe un cierto desacuerdo sobre el origen de la palabra "galerna". Para lo que algunos autores supone un galicismo, para otros muchos proviene de la palabra inglesa "gale" (viento fuerte). Sin embargo, la definición que da a ésta palabra el diccionario de la Real Academia de la Lengua es que se trata de una ráfaga súbita y borrascosa que es propia de la costa septentrional española, y que suele soplar entre el oeste y nororeste. La definición en sí no es muy precisa, pues en muchas ocasiones soplan vientos fuertes con éstas direcciones sin que se llegue a desencadenar una galerna propiamente dicha. 

Ahondando un poco más respecto a la terminología de éste fénomeno he encontrado una definición que puede ser más aceptable: La galerna es un viento súbito, muy fuerte y racheado, acompañado o no de precipitaciones, propio del mar Cantábrico, y que corta de manera brusca un tiempo apacible y generalmente caluroso. En Francia se le llama "galerne".

La especial configuración de la cordillera Cantábrica, que discurre paralela al mar del mismo nombre, y orientada de oeste a este, tiene gran repercursión al enfrentarse perpendicularmente a los vientos que proceden de la mar. En la ladera de barlovento, aparece nubosidad de estancamiento y lluvias persistentes; mientras que al otro lado de la cordillera, el aire baja reseco y recalentado debido al efecto Föehn que afecta a la meseta castelllana. Por el contrario, cuando el viento sopla de componente S ó SE, las nubes quedan atrapadas al sur de la cordillera, mientras que, perdida ya la humedad, el viento baja racheado hacia la costa cantábrica y, como consecuencia de ello, desciende enormemente la humedad relativa y se incrementa la temperatura; no es raro que en pleno mes de Diciembre, por efecto del viento sur, las temperaturas en la costa cantábrica alcancen valores muy elevados.

La galerna es precisamente un cambio brusco del viento, que afecta a las costas de Asturias, Cantabria y País Vasco. De un sur cálido y moderado, con cielo despejado, que viene de la tierra al mar, se pasa a un noroeste turbulento, frio y racheado que acelera el avance de un frente frío, incrementándose, en la mar, los efectos de mar de viento y mar de fondo. Dicho salto del viento tiene efecto de cizallla, interrumpiendo y cortando el oleaje y modificando las condiciones meteorológicas a uno y otro lado del frente frío móvil. El cambio es espectacular y muy rápido: En menos de diez minutos se pasa de un sur moderado y cálido, a un noroeste frio y racheado, que rebota contra la ladera septentrional de la cordillera Cantábrica, con velocidades cercanas o incluso superiores a los 100 kms/h.

La galerna es un fenómeno adverso muy localizado y, por lo tanto, difícil de predecir, pero con los modernos medios actuales puede lanzarse un aviso con varias horas de antelación. Muchas veces se emite la alerta correspondiente y, al final, no se trata de una galerna como tal, sino del paso de una línea de turbonada. La época más frecuente para su aparición va desde el mes de Abril hasta Octubre, pero es en el mes de Junio donde hay más probabilidades de que éste fenómeno se presente.

El área afectada comprende el litoral cantábrico y la vertiente norte de los Pirineos. No se trata de un espacio fijo, ya que puede variar según sea la intensidad del fenómeno. Por lo general se pueden definir tres sub-áreas, siendo la primera la comprendida entre Avilés (Asturias) y Cabo Mayor (Cantabria). Lo normal es que en esta zona la galerna se encuentre en su fase de desarrollo, lo que se deduce por que el viento del NW arrecia gradualmente y la temperatura comienza a descender muy pronunciadamente.

La segunda zona está comprendida entre Ontón (Cantabria) y la costa francesa. En ella la galerna presenta su máxima intensidad, con giros muy violentos del viento, mientras que tanto la presión como la temperatura experimentan bruscas variaciones . Por último, en el sector del País Vasco Francés, la galerna está en fase de disipación.

Mapa con la zona general y las sub-zonas afectadas por las galernas.

Ya hemos comentado que se trata de un fenómeno muy local y que raramente se extiende más allá de los 60 km a partir de la costa hacia el mar, mientras que el interior puede verse afectado en unos 20 ó 30 km tierra adentro. Un hecho destacado es la rapidez en su desplazamiento (normalmente viaja a una velocidad entre 45 y 55 kms/hora) y su duración es de aproximadamente de 10 horas.

Gráfico horario del desplazamiento de una galerna típica

La Galerna del Sábado de Gloria   (20 de Abril de 1878)

No cabe duda que ésta fué una de las galernas más trágicas en la costa cantábrica, y la más recordada entre muchos autores literarios, entre ellos José María de Pereda, que en su novela "Sotileza" esbozó aquella terrible tempestad que dejó viudas y huérfanos en muchos puertos cantábricos.

El relato de aquel suceso comienza así:

Salieron del puerto con buen tiempo, a las cinco de la mañana aproximadamente, veintitrés lanchas mayores, siete barquías y una trainera, además de otras embarcaciones cuyo nombre y circunstancias se ignoran. Algunos marineros sospechaban que el ventarrón de la víspera, al concluir la tarde, volvería a reproducirse, más no intentaron dar fuerza a su opinión y ni siquiera mostrarse reacios para salir a la mar.

Reinaba una ligera brisa del nordeste, que continuó hasta las diez, hora en que se hallaban ya todas las embarcaciones cogiendo sardina para la pesca. A ésta hora y mientras ventaba del Este, notaron los pescadores que había Sur en tierra, lo cual se conocía por la arena que se levantaba en los arenales inmediatos. Esto y algunos sospechosos nubarrones que se veían en lontananza o sobre ellos,  hízoles infundir sospechas de que el tiempo estaba revuelto, preparándose acaso un temporal. Pero ¿era prudente en aquél instante acobardarse y volverse a casa? Prudente, sí, lo hubiera sido en alto grado, según hemos visto a posteriori. Pero, si el tiempo se hubiese conservado bueno y hubiesen vuelto al hogar sin señal alguna de haber pescado ¿qué se hubiese dicho de los prudentes? Se les hubiese motejado de cobardes. Por eso prefirieron continuar la faena, esperando que sucediese -según la expresión de uno de aquellos infelices- lo que Dios quisiera.

Los patrones empezaron a temer de veras momentos antes de que el huracán, que ya venían venir, se declarara. Y cuando éste se pronunció contra las frágiles embarcaciones, encontró las lanchas sólo con la "unción", o sea, la vela más pequeña que se usa para correr un tiempo cuando viene huracanado. ¡La Unción...!, nombre al que, por otra parte, va unida una idea harto triste y que expresa también lo apurado del caso.

Las doce aproximadamente eran cuando el temporal se desarrolló de una manera horrible, con viento del noroeste. Entonces se dispuso el regreso a Santander, o la arribada a las más inmediatas ensenadas, viéndose desde unas lanchas cómo sufrían las demás. ¡ Triste espectáculo !

La mayor parte de las embarcaciones se encontraban a unas cuatro leguas al oeste-noroeste del cabo Mayor, hacia el frente de Suances, hallándose colocadas en los sitios que conocen los pescadores con las denominaciones de "Punta de Santoña", "Miguelillo" y "La Garma".

Una vez en dispersión, cada cual debió tomar el rumbo que les pareció más conveniente, cabiendo la mejor suerte a las lanchas que se separaron más de la costa. La mar mediana, pero arqueando bastante, y el viento completamente huracanado, hicieron que en algunos momentos y en intervalos que duraron de siete a ocho minutos, hubiera necesidad de arriar "la unción", que alguna lancha trajo hecha pedazos, viniendo a palo seco.

Si el temporal hubiese ocurido de noche -nos decía uno de los que se hallaron más distantes en el sitio de la catástrofe- Santander se hubiese quedado sin Cabildo, hubiésemos perecido allí todos.

Uno de los episodios más dramáticos fué el de la presencia de aquel sacerdote, en los acantilados de la Isla de la VIrgen del Mar, próxima a Santander,  que daba la absolución a los marineros que intentaban asirse a lo que quedaba de sus embarcaciones, que se destrozaban  contra los acantilados.

La primera lancha apareció por la Península de la Magdalena hacia las cinco de la tarde, pasando los minutos que parecían siglos, venían otra y otra rebasando el Promontorio de San Martín, donde muchos familiares ya oteaban la costa esperándoles.

Cuando llegaron a los muelles no puede describirse el dolor y la tristeza de esposas, madres y familiares de los pescadores. Las noticias de los desaparecidos se iban conociendo poco a poco. Fueron muchas las lanchas perdidas y se contaban por decenas los desaparecidos. Pescadores de otros puertos como Noja, Colindres, Laredo, Santoña y Castro Urdiales, también sufrieron la terrible tragedia.

Las embarcaciones del Cabildo de Mareantes de Santander perdidas, fueron seis; las demás arribaron a puerto con serias dificultades y algunas con fuertes averías.

El Domingo de Resurección se hizo el aterrador recuento. El número de ahogados fué: Santander, 52; Colindres, 26, Laredo, 25; Castro Urdiales, 3 y Noja 1.

Otras provincias como Vizcaya y Guipúzcoa tambien sufrieron la misma desgracia. Ese día no se borrará jamás de la historia de nuestra región.









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