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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Notarios del tiempo

Estar atentos a las condiciones tan variables del tiempo, anotar y dejar constancia de lo que ven y comunicar las observaciones es, en resumen, el cometido de los observadores meteorológicos, funcionarios que dependen de la Agencia Estatal de Meteorología.

En meteorología la observación es una labor primordial y metódica, quizá una de las más importantes, que consiste en la evaluación de uno o más elementos meteorológicos (temperatura, viento, presión, tipos de nubes, etc.) que describen el estado de la atmósfera por encima de la superficie terrestre. Un observador es la persona autorizada oficialmente para registrar y transmitir estos datos meteorológicos. En todas las observaciones están siempre presentes los elementos de aplicación en meteorología, sus leyes y las normas específicas de la Organización Meteorológica MUndial (OMM).
La observación meteorológica consta de dos apartados principales: Uno de ellos, subjetivo, personal, fruto de la experiencia y de los conocimientos del observador; otra instrumental, más técnica, que se realiza con la ayuda de los equipos de medida y registro, y en donde deben incluirse todas las correcciones y cálculos apropiados. Asi pues, el resultado de una observación está formado por la descripción e interpretación de los agentes atmosféricos y por los valores numéricos de los parámetros leídos.

Sin embargo hay que distinguir entre varios tipos de observaciones. Así, las que se realizan con el objetivo de facilitar información a los centros principales (Grupos de Previsión y Vigilancia, Centros Meteorológicos, etc), que se denomina sinóptica. Estas se realizan durante las veinticuatro horas en los 365 días del año, en períodos de tres horas, agrupadas en observaciones principales ( a las 00, 06, 12 y 18 horas según el meridiano de Greenwich, o GMT) y las intermedias ( a 03, 09, 15 y 21 horas GMT). A pesar de ello estas observaciones no son suficientes para el desarrollo de otros campos en los que la meteorologia también está presente (aeronáutica, agrícola, marítima, climatológico o hidrológica); en cada una de ellas se recogen datos específicos propios de cada rama y, en algunos casos pueden coincidir varios tipos de observaciones distintas en una hora determinada (como en las observaciones sinópticas, climatológicas, agrícolas o aeronáuticas).

Realizando una observación en la garita meteorológica
  
Un buen observador es el apoyo esencial para el meteorológo, que es quien interpreta los datos y, en base a ellos, realiza y diseña los mapas del tiempo y efectúa las predicciones con la información que le llega de los diferentes observatorios.
El trabajo del observador comienza en primer lugar con la comprobación de los sistemas de comunicación. Su buen funcionamiento le permitirá transmitir las observaciones que realice y que éstas puedan ser consultadas en cualquier parte del mundo de forma inmediata.

Una observación propiamente dicha comienza diez minutos antes de la hora establecida. En función de ésa hora, es decir, si la observación a realizar es principal o intermedia, deberán incluirse más o menos variables respectivamente. La temperatura, humedad del aire, velocidad y dirección del viento, estado del cielo, visibilidad y nubosidad, etc, son siempre elementos esenciales de cualquier observación. A éstos se le añaden, en función de la hora, otros parámetros como temperaturas extremas, precipitación, temperaturas del subsuelo o recorrido del viento. Por norma general el último dato a recoger, justo a la hora en punto de la observación, es el de la presión atmosférica.


Precipitación que cae sobre el mar desde el Observatorio Meteorológico de Igueldo (San Sebastián - Guipúzcoa)

Una vez recogidos los datos necesarios y tras haber realizado algunos cálculos y correcciones, las observaciones se transcriben al cuaderno de observaciones. Después es necesario codificarlas según unas normas internacionales para que puedan ser transmitidas por medio de una clave: El SYNOP.

Este código, formado por una serie de números distribuídos en grupos de cinco cifras,  se hace de forma automática. Pero el observador debe saber lo que va a transmitir; primero, para no dar lugar a errores de cifrado y, en segundo lugar, para leer lo que otros observatorios han transmitido y en el caso de fallos del programa debe saber confeccionar un SYNOP manualmente. Tras la comprobación, el parte es enviado al Sistema de Conmutación de Mensajes (SCM) de AEMET, en Madrid. Pasados unos pocos minutos el SYNOP ya puede ser visto y leído en cualquier observatorio del mundo.

La labor del observador no sólo se limita a registrar las variables atmosféricas. Entre otras cosas debe vigilar el buen funcionamiento de los equipos, saber calibrar los aparatos, sustituir los elementos que presentan algún tipo de problemas o que se deterioran y en general, hacerse cargo de un mínimo mantenimiento y limpieza de los sensores.

Otros grupos de observadores son los destinados en los aeródromos, Las Oficinas Meteorológicas de Aeropuerto (OMA,s) suministran a la aeronáutica una información vital para la seguridad de las maniobras de las aeronaves (despegues o aterrizajes, desplazamientos en la plataforma, etc.) y  la vigilancia atmosférica del entorno del aeropuerto. Tan importante es su cometido que en función de las observaciones recogidas, es posible que los aviones lleguen a despegar o a aterrizar o no puedan hacerlo.


Equipos automáticos en una oficina meteorológica de aeródromo (OMA). Noaín, Pamplona (Navarra)
 Los partes meteorológicos para la aviación llevan otro formato distinto: La clave METAR. En ésta, junto a otras variables, los valores de presión (QNH), visibilidad horizontal y altura de la capa de nubes son quizá los más importantes. Tanto es así que cada media hora se cifra y transmite un parte aeronáutico que puede ir acompañado (o no) de otros elementos importantes dependiendo de las condiciones meteoroloógicas  (SNOWTAN, WIND SHEAR ó NOSIG). Los pronósticos de aeródromo se denominan TAF,s y pueden ser transmitidos  como anexos en la emisión de un METAR.

En estos tiempos en los que la tecnología se ha abierto paso en muchos ámbitos de nuestra vida, las máquinas intentan desplazar al hombre. A los observadores les ocurre lo mismo y en varios lugares han sido sustituídos por equipos sofisticadísimos que miden y calculan muchas variables. Sin embargo cuando estos sistemas fallan, los datos pueden llegar a perderse originando lagunas importantes. La observación manual es más cara, pero tiene la contrapatida de ser muchísimo más fiable. Las máquinas deberían facilitar el trabajo al hombre, nunca desplazarle; y los notarios del tiempo jamás deberían desaparecer de la meteorología.


Observatorio Meteorológico y Marítimo de Igueldo (San Sebastián - Guipúzcoa)











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