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viernes, 19 de abril de 2013

JUAN MIGUEL DE ORKOLAGA

P. Juan Miguel de Orkolaga Legarra
No creo que haya ninguna duda, ni siquiera opinión en contra, de que desde un lugar de la costa desde la que se pueda contemplar toda la belleza que encierra el mar (y en concreto nuestro Cantábrico), se tiene la seguridad de disfrutar de un magnífico espectáculo, del olor a salitre y a algas, del sonido del mar cuando las olas rompen contra la costa y se disgregan en espuma blanca y miles de gotas, de la luna reflejándose en sus aguas en las noches templadas y claras del verano; o también en los días de temporal, cuando el mar casi se une al cielo, dando lugar a un paisaje oscuro, casi siniestro. En éstas ocasiones, lo que para unos puede suponer un formidable espectáculo contemplando las fuerzas desatadas del mar, para muchos otros la misma situación tiene connotaciones bien distintas que se traducen en inquietud o en tintes dramáticos cuando se pone de manifiesto el riesgo para las embarcaciones que buscan desesperadamente el abrigo del puerto más cercano.


Las gentes del mar están íntimamente ligadas al tiempo. De él depende salir a faenar o quedarse amarrados al puerto mientras pasa el temporal. También los que buscan en él horas de ocio y asueto en sus embarcaciones de recreo están pendientes de la meteorología, la cual impone aplazar sus pequeñas singladuras para otra ocasión más propicia, o salir tranquilamente a disfrutar de los amplios horizontes con los que nos regala el mar.

Si hay alguien que merezca estar en un puesto más que destacado en los anales de la meteorología española, éste es sin duda el P. Juan Miguel de Orkolaga Legarra, fundador del Observatorio Meteorológico y Marítimo de Igeldo, en Donostia-San Sebastián (Guipuzkoa). Este es mi pequeño y sencillo homenaje hacia su persona para que nunca se olvide su trascendental contribución al desarrollo de las predicciónes de los temidos temporales cantábricos (las galernas). Al haber sido yo un antiguo observador en Igeldo (entre los años 2006 y 2007), el reconocimiento hacia su figura está, por lo tanto, más que justificado. Cuando finalizaba mis observaciones en el jardín meteorológico y ya de vuelta hacia el edificio que alberga el observatorio, muchas veces me quedé mirando el busto del P. Orkolaga que preside el entorno y un sentimiento de admiración hacia su persona salia de lo más hondo de mi corazón, ya que sus avisos salvaron la vida a cientos de arrantzales que en minúsculas lanchas de remos, se aventuraban en el mar en busca del sustento propio y el de sus familias.

El busto del P. Orkolaga preside el jardín meteorológico de Igeldo
Juan Miguel de Orkolaga Legarra nació en la localidad guipuzcoana de Hernani el 13 de Octubre de 1863 y desde bien niño demostró una gran inquietud hacia temas como la geología, la meteorología e incluso la mecánica, siendo así que cuando contaba tan sólo 13 años de edad, dió las primeras muestras del formidable meteorólogo en que se convertiría años más tarde, declarándose contra la influencia que se atribuye para los cambios atmosféricos a las cuatro témporas. Cuando contaba 15 años, se embarcó para la ciudad de Buenos Aires acompañando a un tío suyo y durante la travesía anunció una tarde de tormenta. Esta no tardó en llegar, al anochecer, con fuertes descargas eléctricas acompañadas de granizo. Todos los oficiales del barco y los mismos pasajeros quedaron admirados de lo sucedido.

Permanecío durante un año en el Seminario de Buenos Aires, en donde estuvo cursando Latín, Historia, Francés y Retórica, pero regresó poco después a Europa por motivos de salud estableciéndose de nuevo en su pueblo natal, Hernani. Continuó sus estudios de sacerdocio en el Seminario de Vitoria y finalmente fué ordenado prebístero en el mes de marzo de 1.888. En el año de 1893, aprueba las oposiciones para la canonjía de Vitoria y fué nombrado cura ecónomo de la localidad de Zarautz. El apodo de "Vicario de Zarautz" le seguiría ya durante toda su vida y fué precisamente éste sobrenombre, utilizado de modo despectivo, el que utilizarían sus más encarnizados enemigos para verter sobre él las críticas más duras, mordaces y dolorosas, tratando de desacreditar sus logros más importantes. Opiniones desafortunadas que provenían de personas que creían tener bastantes más conocimientos que "el cura meteorólogo", cuando en realidad era todo lo contrario. (Esto no ha cambiado mucho desde los tiempos de Orkolaga hasta nuestros dias, por desgracia).

En Zarautz construyó un pequeño observatorio de madera y fué entonces cuando se dedicó a estudiar, casi a todas horas, los problemas que presentaba la incipiente meteorología de entonces. No se decidía aún a comunicar públicamente sus predicciones por lo que se presentó a la canonjía de Tarazona (muy cerca del Moncayo, donde pretendía hacer algunas observaciones que comunicaba al director del Observatorio Astronómico de Madrid.

Su momento decisivo llegó el 15 de noviembre de 1900. En aquella fecha sobrevino un gran temporal y preeviendo que podría ocurrir una gran catástrofe, telegrafió con la debida antelación a las Diputaciones de Guipuzkoa y Vizcaya para que éstas avisasen a los puertos. El huracán se abatió sobre las costas cantábricas con una gran fuerza y la prensa de entonces elogió unánimemente a Orkolaga al declarar que, gracias a su telegrama, se había evitado "un dia de gran luto en nuestras costas". Tal fué la importancia del temporal que hasta los vapores más grandes se vieron obligados a retrasar la salida del puerto de Bilbao.


Grabado de la Galerna de la noche de Santa Clara
Desde entonces las Diputaciones de Guipuzkoa y Vizcaya comenzaron a favorecer el P. Orkolaga y meses después decidieron establecer un servicio meteorológico permanente y oficial. De este modo, Orkolaga se trasladó desde Zarautz a Igeldo y comenzó a organizar el observatorio en la casa de campo propiedad de D. Gabriel Diez de Güemes. En el año 1905 se traslada desde la casa del Sr. Güemes a la casa Aize-Eder (Buenos Aires), que se sitúa un poco más al oeste de la localidad de Igeldo, cerca del Mendizorrotz, que fué adquirida por la diputación guipuzcoana y a la que se le agregó una torre. Allí se halla instalado desde entonces, definitivamente, el Observatorio Meteorológico y Marítimo de Igeldo.

El Observatorio de Igeldo a principios del siglo XX
Orkolaga continúa sus actividades y publica sus partes en prensa casi a diario. Es apoyado, sobre todo, por la prensa integrista y duramente criticado por la liberal. Sus telegramas alertadores de temporales llegan a toda la costa cantábrica, desde La Coruña a Burdeos. La Societé Oceanographique du Golf de Gascogne, le distingue con todos los honores; pero son los pescadores quienes le prestan su apoyo incondicional y aprecian más sus avisos.

Era tal la fama de Orkolaga y de su observatorio que incluso la familia real española le honró con varias visitas y con éste motivo es digna de consignarse la que el 25 de julio de 1904, festividad de Santiago, efectuaron la Reina Madre, la Princesa de Asturias y S.A.R. la Infanta Doña Teresa, como así se atestigua en el libro de firmas que se conservaba en el antiguo edificio.

Libro de firmas en el que aparece la visita de la Reina Isabel de Borbón a Igeldo
La verdadera personalidad de Orkolaga se pone de manifiesto en la carta que dirige a la Diputación de Vizcaya cuando le retira la ayuda económica (2500 pesetas anuales) al negarse a establecer el observatorio en el cabo Matxitxako. Esta carta tiene unos párrafos dedicados a la forma de hacer una predicción que muchos de los profesionales de la meteorología actuales suscribirían hoy mismo: 

"En meteorología hacen falta genios inventores que encuentren, por sí mismos, lo que los maestros no les pueden enseñar"."No habiendo títulos académicos para la Meteorologia pura, puede presentarse un Doctor en Ciencias Físicas y Exactas, imbuido en todo cuanto se ha escrito. pero como no tenga más ideas que la divulgadas en los libros y revistas, aunque sea un gran físico y eminente matemático, poco le deberá la meteorología respecto a la previsión del tiempo".

Efectivamente, éste carácter hipercrítico y combativo era el que permitía que un hombre sin estudios científicos aprendiera de sus errores y sus aciertos y superase a muchos hombres con bastantes más estudios que él. En la actualidad ocurre lo mismo (poco ha cambiado todo) ya que se prefieren los "títulos" a la verdadera vocación por la meteorología; el asegurarse una plaza "de por vida" sin tener verdadero interés o afición por ésta ciencia, frente a los que la observación ya casi forma parte de su vida diaria. Así nos van las cosas.

Orkolaga, avezado observador meteorológico, supo ir más alla; estableció relaciones y sacó conclusiones para elaborar una predicción meteorológica, que se cumplía en la zona climática en la que había nacido y crecido. Pero no sólo inventó un sistema particular de predicción para el Cantábrico, sino que también construyó muchos aparatos meteorológicos. Hay que tener en cuenta de que en aquella época apenas existían aparatos para medir las variables y era preciso fabricarlos. No había normas de observación homogeneizadas.

Barómetro construído por el P. Orkolaga
Continúa Orkolaga con su trabajo: Toma datos, hace previsiones y anuncia temporales y galernas, estando todos los días presente en la prensa donostiarra.

Así llega la galerna del 12 de agosto de 1912. Se hunden 15 lanchas; se ahogan 145 pescadores (115 de ellos son de Bermeo); dejan 500 desamparados en la miseria completa.

La tragedia pudo evitarse: Orkolaga había transmitido telegramas a todos los puertos, desde Galicia a Burdeos. Todos los náufragos eran vizcaínos (no hicieron mucho caso de las alertas). No hubo ningún fallecido más en el Cantábrico gracias a los avisos emitidos desde Igeldo.

Llega el año 1913 y con él la instalación de la telegrafía sin hilos. Igeldo fué tambien pionero en la instalación de éste tipo de telégrafo en un observatorio meteorológico. De hecho, una estación de Radio costera existió en el Observatorio hasta mediados de la década de los 80, transmitiendo predicciones para la navegación. Ese mismo año de 1913 se crean los Cuerpos de Meteorólogos y Auxiliares de Meteorología y en 1914 se comienzan a emitir radiogramas desde Igeldo. Estos radiogramas contienen la primera predicción regional del tiempo que se realiza en España.

Pero desgraciadamente Orkolaga fallece prematuramente el 22 de septiembre de 1914, en el mismo observatorio que había fundado, al iniciarse la Primera Guerra Mundial. Tras su muerte es su hermano Pedro quien se ocupa de las observaciones durante cuatro años más. Después de éste periodo parece que siguen haciendo observaciones un sobrino de Orkolaga y el observador Alberdi Bizarreta. Este último, desde niño, había sido ayudante y monaguillo de Orkolaga, el cual le regaló un reloj que aún conserva su hijo Alberdi Arrillaga.

Los restos de Juan Miguel de Orkolaga descansan para siempre en el pequeño cementerio de Igeldo, muy cerca del observatorio


No quisiera dejar pasar la oportunidad que me brinda este blog para reconocer en su justa medida la labor desarrollada en Igeldo por los sucesores de Orkolaga y a las personas que, actualmente favorecen la continuidad del Observatorio y a los observadores que trabajan (y trabajaron) en él. Así, merecen también un recuerdo D. Mariano Doporto, Juan Antonio Landin Allende, en cuya época Igeldo vivió uno de los momentos más cruciales al estallar la Guerra Civil, lo que obligó a trasladar las observaciones a Santander; Carlos Santamaría Ansá, García Polo, Antonia Roldán, Alejandro Alberdi Arrillaga, Alvarez Usabiaga (uno de los más acérrimos defensores de Igeldo y que no permitió que la observación se automatizase, puesto que se fiaba más de la observación tradicional (Ojalá se pensase ahora de igual forma). Usabiaga fué la persona que dirigió el Observatorio en el periodo de las más importantes y rápidas innovaciones científicas y tecnológicas de los años 80 y 90. Igeldo tiene una de las mejores series climatológicas del estado gracias, en parte, a la defensa que de él hizo Usabiaga (la actual delegada de AEMET en el País Vasco sigue, afortunadamente en la misma línea que Usabiaga) Y en épocas más recientes (con la que tuve la gran suerte de coincidir durante mi servicio en el Observatorio), Ana Iglesias Marquínez.

Realizando una observación en el tanque de evaporación en el Observatorio de Igeldo

El Observatorio de Igeldo en la actualidad



BIBLIOGRAFIA:
Martín Giménez, Margarita
(Delegada de AEMET, País Vasco)

Pedro M. de Solaruce
(Blog Paisajes sin cobertura)

 















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